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"...EL VIAJE DEL LECTOR

Sudáfrica

Cara a cara con los ejemplares de una fauna admirable, en los safaris que proponen las reservas naturales. Además, las tradiciones y rituales de los pueblos zulúes y xosas.

Apenas puse pie en Sudáfrica, mi intención era conocer el mundialmente famoso Parque Nacional Kruger para observar "Los cinco grandes" (elefante, león, leopardo, rinoceronte y búfalo). Sin embargo, tenía poco tiempo para llegar allí. Una simpática sudafricana me sugirió St. Lucía —en el centro de un Parque Nacional—, que, según su opinión, es una alternativa mejor. Le hice caso y, al día siguiente a mi llegada, emprendí desde el pequeño poblado un safari hasta la reserva Hluhluwe/Umfolozi Game.

Salimos a las 5 de la mañana y el grupo se quedó perplejo frente a babuinos que se dejaban fotografiar sin que les molestara nuestra presencia. Avistamos un rinoceronte blanco —mucho menos agresivo que el negro—, elefantes en manada, cebras, avestruces, impalas y antílopes. Aparecen por todos lados y hasta un par de veces nos autorizaron a bajar del camión, para tomarnos fotos con hienas y rinocerontes.

Luego de pasar un buen rato con compañeros de todo el mun do en el albergue en el que me hospedaba, salí a caminar en St. Lucía, cerca de donde el río desemboca en el mar. También allí me sorprendió la fauna autóctona. Mientras unos hipopótamos bostezaban, los cocodrilos flotaban como troncos sobre la corriente. De noche, los hipopótamos se distinguían como gigantescas masas con ojos brillantes.

Con el propósito de encontrar enormes gatos de los que muchos me habían hablado, en Johannesburgo hice otra excursión al Parque Nacional Pilansberg, situado en el cráter abierto por un meteorito. Por eso, los animales permanecen "atrapados" por las colinas de alrededor. Aunque no llegamos a ver tantas especies como en Umfolozi, valió la pena gracias a una pareja de chitas, que parecían estar esperando a los turistas y sus cámaras. Pero lentamente comenzaron a moverse, cruzaron la ruta y se perdieron entre los arbustos. Por suerte, a unos 400 metros aparecieron cebras e impalas pastando en grupos. Apurados, hacia ellos fuimos todos en los autos.

Pero no sólo los animales dan un toque exótico a Sudáfrica. También su gente, como los xosas y los zulúes, antiguos pueblos que mantienen sus tradiciones ancestrales. A veces, cuando hablan en su lengua, emiten chasquidos con los labios. También en las calles de Johannesburgo llaman la atención algunos peinados. Denotan el origen étnico de las portadoras. Ante una consulta mía, un poblador zulú me aclaró que no les está permitido hablar sobre su rito de iniciación, con el fin de resguardar sus tradiciones. Tanta diversidad racial hace que a Sudáfrica también se lo llame "El país del arco iris"..." Fuente Clarin.com

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